– Supongo que le daría mucha pena.

– Mucha -recordó Elinor-. Era un animal joven. Estoy segura de que haría feliz a otra niña -añadió apretando los labios.

Lo cierto era que todavía recordaba aquel golpe devastador y cruel. Su padre no le había dicho que la iba a vender. Una tarde volvió del colegio y ya no estaba. Ni siquiera había podido despedirse de ella. Starlight era el último vínculo que tenía con su madre fallecida. También había sido su mejor amiga, lo único que le había aportado felicidad en aquellos difíciles años de la adolescencia.

– Por lo que dice, su padre debía de ser muy estricto -comentó Jasim con curiosidad.

Desde luego, aquella chica era una actriz estupenda. El guión era impecable. Por supuesto, lo primero que hacía era contarle una historia lacrimógena para darle pena.

– Demasiado estricto. Después de vender la yegua, no me dejó tener ninguna afición. Sólo estudiar, estudiar y estudiar. Fue un alivio irme de casa-contestó Elinor.

Con el tiempo, había comprendido que había sido una estudiante normal y corriente y no la chica fracasada que su padre le había hecho creer, pero, aun así, su autoestima había sufrido lo indecible y todavía no se había recuperado.

Jasim apretó los dientes. De nuevo, aquella jovencita le dejaba muy claro cómo era en realidad. Se mostraba tímida, pero su cuerpo lo invitaba sin cesar. Y cada vez la encontraba más sensual. Era evidente que un padre estricto hubiera cortado de raíz el comportamiento lascivo de una hija así.

Jasim era consciente de que tendría que haberse sentido asqueado ante la patente promiscuidad de aquella chica, pero lo que sentía era una potente erección. Sabía que lo único que le aliviaría sería acostarse con ella, pero se dijo que debía ser paciente.

Por respeto a su sobrina, decidió no pensar en Elinor Tempest y en lo fácil que le iba a resultar seducirla.



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