Adamsberg no tenía reloj, aunque no era capaz de explicar por qué y por otra parte no tenía nada contra los relojes. Ni contra los paraguas. Ni contra nada, en realidad. No era que sólo quisiera hacer lo que deseaba, sino que no podía esforzarse por nada si su humor, en ese instante, no era propicio. Jamás había podido, ni siquiera cuando deseaba gustar a la bella inspectora. Ni siquiera por ella. Todos habían dicho que el caso de Adamsberg era desesperado, y también ésa era a veces su opinión. Pero no siempre.

Y hoy su humor era remover un café, lentamente. Un tipo había sido asesinado en su almacén de tejidos, tres días antes. Sus negocios parecían tan turbios que tres de los inspectores estaban examinando el archivo de sus clientes, seguros de encontrar al asesino entre ellos.

Adamsberg no estaba demasiado preocupado por el caso desde que había visto a la familia del muerto. Sus inspectores buscaban un cliente estafado, e incluso tenían una pista verosímil, y él observaba al hijastro del muerto, Patrice Vernoux, un guapo joven de veintitrés años, delicado y romántico. Era todo lo que hacía, observarle. Ya le había convocado tres veces a la comisaría con variados pretextos, haciéndole hablar de cualquier cosa: qué pensaba de la calvicie de su padrastro, si le desagradaba, si le gustaban las fábricas textiles, qué sentía cuando había una huelga de electricidad, cómo explicaba que la genealogía apasionara a tanta gente…

La última vez, ayer, la conversación se había desarrollado así:

– ¿Se considera usted guapo? -había preguntado Adamsberg.

– Me resulta difícil decir que no.

– Tiene usted razón.

– ¿Podría decirme por qué estoy aquí?

– Sí. Por su padrastro, por supuesto. Usted me ha dicho que le molestaba que se acostara con su madre.

El joven se encogió de hombros.

– De todas formas no podía hacer nada, salvo matarle, y no lo he hecho. Pero es verdad, aquello me revolvía un poco el estómago. Mi padrastro era una especie de oso. Tenía pelos hasta en las orejas, francamente era superior a mis fuerzas. ¿A usted le habría gustado?



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