Sarah es una judía norteamericana de buena familia, alumna del programa de estudios del Holocausto en la Universidad de Boston, más cerebral que Reveka y por lo tanto más paciente. No le importa apelar al engaño o incluso mentir descaradamente para eludir una tarea que considera que está por debajo de su condición. Reveka, sincera y temperamental, se deja enredar, así que es generalmente ella quien acaba por dejar la bandeja de plata en la mesita de centro y se retira con una expresión malhumorada.

Lavon no tiene un patrón fijo para las entrevistas. Deja que el visitante fije su curso. No le importa responder preguntas referentes a su persona y, si uno persevera, acaba contando cómo es que uno de los jóvenes arqueólogos israelíes con mayor talento escogió excavar entre los temas pendientes del Holocausto en lugar de hacerlo en la sufrida tierra de su país natal. Pero la disposición a hablar de su pasado sólo llega hasta ahí. No dice a sus visitantes que, durante un breve período, a principios le los años setenta, trabajó para el famoso servicio secreto de Israel, o que todavía se le considera el mejor agente de vigilancia que ha tenido el servicio en toda su historia. Tampoco menciona que dos veces al año, cuando viaja a Israel para ver a su anciana madre, visita unas instalaciones secretas al norte de Tel-Aviv para compartir algunos de sus conocimientos con las nuevas generaciones. En el servicio todavía lo llaman por su apodo: el Fantasma. Su mentor, un hombre llamado Ari Shamron, siempre dice que Eli Lavon es capaz de desaparecer mientras te estrecha la mano. No está muy lejos de la verdad.

Es discreto cuando está con sus visitantes, de la misma manera que era discreto con los hombres a los que perseguía por orden de Shamron. Enciende un cigarrillo con la colilla del otro, pero si el humo molesta al visitante, entonces se contiene. Políglota, te escucha en el idioma que prefieras. Su mirada es comprensiva y firme, aunque algunas veces es posible ver en el fondo de sus ojos cómo van encajando las piezas del rompecabezas. Prefiere guardarse las preguntas hasta que el visitante acabe con el relato. Su tiempo es valioso y no se demora en tomar decisiones. Sabe cuándo puede ayudar. Sabe cuándo es mejor no remover el pasado.



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