
Una suerte de fe o intuición religiosa que nunca le habían permitido acostumbrarse a esa pérdida.
Aun ahora Juliana parecía estar tan cerca… como si todavía viviesen juntos. Aquel espíritu, todavía activo en la vida de Frink, se movía ahora por el cuarto en busca de… esos misterios que ella buscaba. Y así se movía también en la mente de Frink, cada vez que consultaba el oráculo.
Sentado en la cama, en medio de un desorden solitario, preparándose para salir y comenzar el día, Frink se preguntó quiénes estarían consultando también el oráculo en aquella vasta y complicada ciudad. ¿Recibirían todos un consejo tan sombrío? ¿Era el tenor del Momento igualmente adverso para ellos?
Capítulo 2
El señor Nobusuke Tagomi consultaba el divino Libro Quinto de la sabiduría de Confucio, el oráculo taoísta llamado durante siglos el I Ching o Libro de los Cambios. Al mediodía había empezado a esperar aprensivamente su cita con el señor Childan, para la que faltaban sólo dos horas.
Las oficinas del señor Tagomi ocupaban el piso vigésimo del edificio del Times nipón, que dominaba la bahía. La pared de vidrio permitía ver los barcos que entraban y pasaban bajo la Puerta de Oro. En este momento había un carguero más allá de Alcatraz, pero al señor Tagomi no le interesaba el espectáculo. Fue hasta la pared, desanudó la cuerda y dejó caer las cortinas de bambú. La vasta oficina se oscureció. El señor Tagomi ya no tenía necesidad de —entornar los ojos a causa de la luz, y podía pensar con más claridad.
No dependía de él, decidió, complacer al cliente. No importaba lo que le trajese el señor Childan. El cliente no se impresionaría. Enfrentemos el hecho, se dijo. Pero, por lo menos, podemos evitar que se sienta desagradado, Podemos evitar insultarlo con un regalo, mohoso.
