Tocó el botón del intercomunicador y dijo: —Señoriíta Ephreikian, me gustaría que trajera el aparato grabador, por favor.

La puerta exterior de la oficina se deslizó a un costado y apareció la señorita Ephreikian, agradablemente adornada con flores azules en el pelo.

—Un ramillete de lilas —observó el señor Tagomi.

En otro tiempo había cultivado flores en su casa de Hokkaido.

La señorita Ephreikian , una muchacha armenia, alta y de pelo oscuro, saludó con una reverencia.

—¿Lista para grabar? —preguntó el señor Tagomi.

—Sí, señor Tagomi.

La señorita Ephreikian se sentó con la grabadora de baterías preparada.

El señor Tagomi comenzó: —Le pregunté al oráculo: “¿Mi encuentro con el señor Childan será provechoso?” y obtuve para mi desgracia el ominoso hexagrama La Preponderancia de lo Grande. La viga de madera oscila. Demasiado peso en el medio. Desequilibrio. Evidentemente fuera del Tao.

La cinta grabadora chirrió.

El señor Tagomi hizo una pausa, reflexionando.

La señorita Ephreikian lo miró expectante. El chirrido cesó.

—Haga entrar un momento al señor Ramsey, por favor —dijo el señor Tagomi.

—Sí, señor Tagomi. —La señorita Ephreikian se incorporó, dejó en el suelo el aparato grabador, y salió taconeando de la oficina.

El señor Ramsey apareció trayendo una enorme carpeta de manifiestos de aduana. joven, sonriente, llevaba la elegante corbatita de lazo de las praderas del Medio Oeste, camisa ajedrezada y blue jeans, el atuendo de moda entre la gente aristocrática.

—Cómo está usted, señor Tagomi —dijo —Día hermoso, señor.

El señor Tagomi hizo una reverencia.

El señor Ramsey, sorprendido, se endureció, y luego hizo también una reverencia.



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