—He estado consultando el oráculo —dijo el señor Tagomi mientras la señorita Ephrelkian se sentaba otra vez con la grabadora en las rodillas—. Ya sabe usted que nuestro muy próximo huésped, el señor Baynes, comparte los puntos de vista de la ideología nórdica acerca de la llamada cultura oriental. Y podría hacer el esfuerzo de tratar de que comprendiera mejor presentándole algunas obras auténticas de arte chino, en papel o cerámica, de nuestro período Tokugawa… pero nuestra tarea no es convertir.

—Ya veo —dijo el señor Ramsey, retorciendo la cara caucásica en una dolorosa expresión de concentración.

—Por lo tanto nos pondremos del lado de sus prejuicios y le daremos en cambio un invalorable artefacto norteamericano.

—Sí.

—Usted, señor, es de ascendencia norteamericana. A no ser que se haya tornado la molestia de oscurecerse el color de la piel. —El señor Tagomi escudriñó la cara del señor Ramsey.

—Me tosté con una lámpara de ultravioletas —murmuró el señor Ramsey —Para adquirir vitamina D, nada más —continuó sin poder ocultar una humillación reveladora —Le aseguro que me siento aún profundamente enraizado… —El señor Ramsey tropezó con las palabras. —No he cortado todos los lazos con… las estructuras étnicas aborígenes.

El señor Tagomi le dijo a la señorita Ephreikian: —Continuemos por favor. —El grabador chirrió otra vez —Consultando el oráculo y obteniendo el hexagrama Ta kuo, Veintiocho, recibí también un nueve desfavorable en el quinto lugar. Dice así:


El álamo seco florece.

La mujer vieja se casa.

Ni culpa, ni orgullo.


“Esto indica claramente que el señor Childan no nos traerá a las dos nada de valor. —El señor Tagomi hizo una pausa. —Seamos francos. No puedo confiar en mi propio juicio cuando se trata de objetos de arte norteamericanos. Por esa razón me pareció que un… —Titubeó buscando la palabra adecuada —Por eso, señor Ramsey, como usted es un nativo, digamos, podría ayudarme. Es evidente que hemos de hacer un esfuerzo.



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