Contempló el resto de la habitación. Fotografías de Ashley y sus amistades pegadas en una pared; baratijas; notas escritas a mano con la letra florida y ampulosa de las adolescentes. Pósters de atletas y poetas, y el poema enmarcado de William Butler Yeats que terminaba con «Anhelo ese beso tuyo que he de poseer, y que echaré de menos cuando crezcas»; él se lo había regalado por su quinto cumpleaños, y a menudo se lo susurraba mientras ella se dormía. También había fotografías de sus diversos equipos de fútbol y softball, y una foto enmarcada del baile de graduación, tomada en ese momento exacto de perfección adolescente, cuando su vestido silueteaba cada curva recién hallada, el cabello le caía perfectamente sobre los hombros desnudos y su piel resplandecía. Scott reparó en que estaba contemplando una colección de recuerdos: la infancia documentada de manera típica, probablemente no muy distinta de la habitación de cualquier otra joven, pero única a su modo. Una arqueología del crecimiento.

Había una foto de los tres, tomada cuando Ashley tenía seis años, quizás un mes antes de que Sally lo abandonara. Estaban de vacaciones familiares en la costa, y le parecía que las sonrisas que todos esbozaban tenían cierto matiz de fatalidad, pues apenas enmascaraban la tensión que había dominado sus vidas. Ashley había construido un castillo de arena con su madre aquel día, pero la marea y las olas lastraron sus esfuerzos, derribando cada estructura, aunque no cejaban en cavar fosos y levantar murallas de arena.

Escrutó las paredes y la mesa, sin ver ningún rastro de algo fuera de lo normal. Esto lo preocupó aún más.

Scott echó otro vistazo a la carta. «Nadie puede amarte como yo lo hago.» Sacudió la cabeza. Eso no era cierto, pensó. Todo el mundo amaba a Ashley.

Lo que le asustaba era que el remitente pudiera tomarse en serio aquel sentimiento exagerado. Por un instante, trató de convencerse de que estaba siendo demasiado protector. Ashley ya no era una adolescente, ni siquiera una estudiante universitaria. Estaba a punto de iniciar un curso para posgraduados de Historia del Arte en Boston, y tenía su propia vida.



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