
– Nos está causando problemas por la derecha, pero podemos aprovechar su adelantamiento…
Hope dio una palmada.
– ¡En efecto! -dijo. Vio sonreír a las otras chicas. Mañana no habría vueltas extra-. Muy bien, Molly, empieza a calentar. Sustituirás a Sarah en el centro. Controla el balón y contraataca desde ahí.
Hope fue a sentarse en el sitio dejado por Molly en el banquillo.
– Mirad el terreno de juego, chicas -dijo-. Vedlo en su conjunto. El juego no es siempre la pelota que tenéis a los pies: trata del espacio, el tiempo, la paciencia y la pasión. Es como el ajedrez. Hay que convertir las desventajas en…
Alzó la cabeza al oír una exclamación del público. Se había producido un encontronazo en la otra banda, y varios espectadores exigían al árbitro que sacara una tarjeta amarilla. Un padre airado corría por la banda y agitaba los brazos. Hope se levantó y se acercó a la banda, intentando ver qué había pasado.
– Entrenadora…
Se volvió y vio que el juez de línea la llamaba.
– Creo que la necesitan.
El entrenador del equipo contrario había echado a correr, así que rápidamente cogió una botella de Gatorade y el maletín de primeros auxilios. Mientras iba hacia allí, pasó junto a Molly.
– Molly, me lo he perdido. ¿Qué ha pasado?
– Han chocado con la cabeza, entrenadora. Creo que Vicki se ha quedado grogui, pero la otra chica se ha llevado la peor parte.
Cuando llegó al lugar, su jugadora se estaba incorporando ya, pero la del equipo contrario estaba tendida en el suelo. Hope oyó unos sollozos entrecortados. Se dirigió a su jugadora.
– ¿Estás bien, Vicki?
La chica asintió con expresión de miedo. Todavía jadeaba en busca de aire.
– ¿Te duele algo en particular?
Vicki negó con la cabeza. Algunas jugadoras se habían acercado, pero Hope las hizo retroceder.
– ¿Crees que podrás ponerte en pie?
Vicki asintió de nuevo, y Hope la cogió por el brazo y la ayudó a levantarse.
