– No podemos ir en esta camioneta. Supongo que ya tienen su descripción en todo el estado.

Me miró fijamente, recobrada la esperanza. En un minuto llegaríamos a la autopista.

– Tenemos que conseguir otro coche -dije.

– ¿Dónde?

– En cualquier parte. Hay coches por todos lados.

Había un gran centro comercial en las afueras, al suroeste de los pasos elevados. Lo vi a lo lejos. Enormes edificios de color marrón sin ventanas y luminosos anuncios de neón. Extensos aparcamientos más o menos llenos de coches. Entré y di una vuelta entera al lugar. Era grande como una ciudad. Había gente por todas partes. Eso me puso nervioso. Recuperé la compostura y pasé frente a una hilera de contenedores de basura hasta llegar a la parte trasera de unos grandes almacenes.

– ¿Adónde vamos? -inquirió Richard.

– Al aparcamiento de los empleados. Los clientes entran y salen durante todo el día. Son imprevisibles. Pero los que trabajan pasan mucho más tiempo dentro. Es más seguro.

Me miró como si no comprendiera. Me dirigí a una fila de coches aparcados de frente junto a una pared negra. Había un espacio vacío al lado de un Nissan Maxima de un tono apagado y de unos tres años de antigüedad… Serviría. Era un vehículo bastante discreto. Estábamos en un sitio apartado, tranquilo y aislado. Paré más allá y reculé, dejando la trasera de la camioneta bien pegada a la pared.

– Para que no se vea la luna rota -aclaré.

El muchacho no dijo nada. Me metí los Colt en los bolsillos del abrigo y me apeé. Probé las puertas del Maxima.

– Busca un trozo de alambre -dije-. Cable eléctrico grueso o alguna percha.

– ¿Vas a robar este coche?

Asentí.

– ¿Está en buen estado?

– Si hubieras matado accidentalmente a un poli, pensarías que sí.

Al chaval le quedó por un instante una expresión vacía, pero enseguida volvió en sí y empezó a buscar. Yo vacié las Anaconda y arrojé los doce casquillos usados en un contenedor de basura. El muchacho volvió con un metro de cable eléctrico que había cogido de un montón de desperdicios. Quité el material aislante con los dientes, hice un pequeño gancho con un extremo y lo introduje entre la ventanilla del Maxima y la tira de goma que permitía su cierre hermético.



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