
Lorna es la primera barrera. Para llegar a mí hay que pasar por ella. Sólo le doy mi teléfono móvil a unos pocos y Lorna es la guardiana de la verja. Es dura, lista, profesional y hermosa. Aunque últimamente sólo puedo verificar este último atributo aproximadamente una vez al mes, cuando la llevo a cenar y a firmar cheques; ella también es mi contable.
– Oficina legal -dijo cuando llamé.
– Lo siento, todavía estaba en el tribunal -dije explicando por qué no había contestado su llamada-. ¿Qué pasa?
– Has hablado con Val, ¿no?
– Sí, ahora voy hacia Van Nuys. He quedado a las once.
– Ha llamado para asegurarse. Parece nervioso.
– Cree que este tipo es la gallina de los huevos de oro y quiere asegurarse de que no lo pierde. Lo llamaré para tranquilizarlo.
– He hecho algunas averiguaciones preliminares del nombre de Louis Ross Roulet. Su informe de crédito es excelente. Su nombre salía en varios artículos del Times. Todo transacciones inmobiliarias. Parece que trabaja para una inmobiliaria de Beverly Hills. Se llama Windsor Residential Estates. Diría que manejan listas de clientes muy exclusivos, no venden la clase de propiedades de las que ponen un cartel en la puerta.
– Está bien. ¿Algo más?
– En eso no. Y de momento sólo lo habitual en el teléfono.
Lo que significaba que había sorteado el acostumbrado número de llamadas producto de las paradas de autobús y de las páginas amarillas, todas ellas de gente que quería un abogado.
