
Se detuvieron un momento a analizar el agua. Era perfectamente límpida, aunque bastante dura, y contenía óxidos de hierro y trazas de sulfuros.
Reanudaron la marcha, ahora a un ritmo relativamente más acelerado, pues las orugas se desplazaban con mayor facilidad por la superficie rocosa. Hacia el oeste, vieron unas pequeñas elevaciones. El vehículo que cerraba la caravana se mantenía en contacto permanente con El Invencible, las antenas de los radares giraban, y los observadores, sentados frente a las pantallas, se ajustaban los auriculares mientras mordisqueaban tabletas de alimento concentrado. De tanto en tanto, una piedra saltaba debajo de un aerodeslizador; como levantada por una pequeña tromba de aire volaba hacia los promontorios rocosos.
De pronto, se toparon con una serie de colinas, suaves y desnudas. Sin detenerse, recogieron algunas muestras, y Fitzpatrick le anunció a Rohan, a voz en cuello, que el sílice era de origen orgánico. Cuando el espejo de las aguas apareció al fin ante. ellos como una línea gris, encontraron también algunas formaciones calcáreas.
En medio del estrépito de los vehículos, que avanzaban sobre un suelo de guijarros achatados, descendieron a la costa. El vaho caliente de los motores, el chirrido de las cadenas de las orugas, el aullido de las turbinas, todo calló de golpe cuando el océano, verdoso de cerca v de apariencia perfectamente terrestre, estuvo apenas a cien metros de distancia.
