
– Ciencia ficción -dijo-. Pensé que con la edad perdería la costumbre.
– Hay muchas cosas de las que no perdemos la costumbre, hijo. ¿De qué trata?
– De lo de siempre: amenazas a la estabilidad del tiempo continuó y de universos paralelos -respondió Redpath alzando la vista-. ¿Qué piensa usted de los mundos paralelos, señor?
Rebus señaló la puerta con la cabeza.
– ¿Quién hay ahí?
– Ha sido un atropello. El conductor se dio a la fuga.
– ¿Está grave? -El profesor se encogió de hombros-. ¿Dónde fue?
– Al final de Minto Street.
– ¿Han localizado el coche?
Redpath negó con la cabeza.
– Estamos a la espera por si ella puede aclarar algo. ¿Y usted, señor, qué lleva?
– Un caso parecido, hijo. Mundos paralelos, por así decirlo.
Apareció Siobhan Clarke con otra taza de café, y a guisa de saludo dirigió una inclinación de cabeza a Redpath, quien se puso en pie, cortesía que le valió una tenue sonrisa de ella.
– Telford no querrá que Danny hable -comentó a Rebus.
– Es evidente.
– Y mientras querrá ajustar cuentas.
– Qué duda cabe.
Siobhan cruzó su mirada con la de Rebus.
– Creo que se ha pasado un poco -añadió refiriéndose a Claverhouse pero sin mencionar su nombre delante del uniformado.
Rebus asintió con la cabeza.
– Ah, bueno, gracias -pensando en que era lógico que no hubiera comentado nada en el momento de la intervención de Claverhouse.
Ahora eran compañeros y no le convenía incomodarle.
Se entreabrió la puerta para dar paso a una doctora joven con aspecto de agotada. A sus espaldas, Rebus vio una cama con el bulto de un cuerpo y personal ajetreado con diversos aparatos. La puerta volvió a cerrarse.
– Vamos a hacerle un escáner cerebral -dijo la doctora a Redpath-. ¿Han avisado a la familia?
– No sabemos cómo se llama.
