
Sammy le dijo adiós con la mano a través del escaparate de la cafetería; una mujer sin problemas. Él siempre había permanecido atento, intentando detectar signos de desequilibrio, cualquier indicio de trauma infantil o alguna predisposición congénita autodestructiva. Quizá telefonearía algún día a Rhona para darle las gracias por haber criado por su cuenta a Samantha. No debió de ser fácil, como siempre decía la gente. A él le habría encantado poder sentirse orgulloso de haber participado en los resultados, pero no era un hipócrita. La verdad era que había permanecido al margen durante la adolescencia de la niña. Igual que en su matrimonio; aunque compartiera habitación con su esposa, o incluso el cine, la mesa o las fiestas… Su yo más íntimo siempre estaba en otra parte, absorto en una investigación, en alguna incógnita que le impedía sosegarse.
Cogió la chaqueta del respaldo de la silla. No había más remedio que regresar a la comisaría; Sammy volvía a su trabajo con ex presidiarios, pero se negaba a que él la acompañase. Ahora que ya se sabía, le había hablado de su novio, Ned Farlowe; él había tratado de prestar atención, pero sus pensamientos volaban hacia Joseph Lintz. El mismo problema de siempre. Le habían asignado el caso Lintz diciéndole que estaba capacitado para ello debido a sus antecedentes militares y su manifiesta inclinación por los casos históricos; con esto último, su jefe, Watson, se refería a John Biblia.
– Perdone, señor -replicó Rebus-, pero me suena a pura trola. Las razones para endilgármelo son que no hay otro que lo quiera ni regalado y que con ello se libran de mí una temporada.
– Su cometido -le replicó Watson sin ceder a la irritación- consistirá en revisar la documentación y ver si hay algo que constituye prueba de delito. Puede interrogar al señor Lintz si lo estima conveniente. Haga cuanto crea necesario, y si encuentra algo que justifique una acusación…
– No lo encontraré. Y usted lo sabe -dijo Rebus con un suspiro-. Señor, no es la primera vez que hablamos de esto. Por algo se clausuró la Sección de Crímenes de Guerra. Es un caso antiguo, de esos de mucho ruido y pocas nueces -añadió meneando la cabeza-. Los únicos que quieren airear el escándalo son los periódicos.
