
Emma se hundió en los cojines. La humillación se unió a su miedo. Por mucho que intentara bloquear los recuerdos de sus noches compartidas, seguían acosándola. Suponía que el papel que jugó ella en las mismas podría ser un buen ejemplo de lo que no había que hacer en una noche de bodas y en las noches siguientes.
Pero no era culpa suya. Había sido virgen, y él también debería haberlo hecho mejor. Pero si Reyhan no se había casado para conseguir un permiso de residencia ni tampoco para acostarse con ella, ¿por qué lo había hecho?
– ¿Estás seguro de que el matrimonio fue real? – le preguntó-. El abogado de mis padres dijo lo contrario.
– Ese abogado se equivocó -replicó Reyhan-. Eres mi mujer. Y ahora que estás en mi país y en mi casa, me tratarás con respeto y reverencia. ¿Entendido?
El impulso de salir corriendo cobró fuerza repentinamente.
– Reyhan, yo…
Pero no pudo acabar lo que fuera que iba a decir, porque en aquel momento una mujer joven, hermosa, pequeña y con curvas entró en la habitación.
– He oído que Emma ha llegado y que se ha desmayado delante de ti. ¿Es cierto?
Reyhan desvió la atención de Emma y la miró furioso. La mujer puso los ojos en blanco.
– Sí, sí, ya lo sé. Te sientes ofendido. Pero no olvides que yo di a luz al hijo de tu hermano mayor, así que más te vale ser amable conmigo.
– Me pregunto qué ve Sadik en ti.
– Soy una mujer ardiente y apasionada -dijo ella sonriendo mientras se acercaba-. Es una maldición, pero ahí estamos.
Emma no creía que pudiera sorprenderse más, pero Reyhan le demostró que se equivocaba cuando le sonrió a la mujer y la besó en la frente.
– ¿Puedes arreglar esto? -le preguntó él a la recién llegada.
– No sé si te refieres a Emma o a la situación. Si me preguntas, el que necesita aquí ayuda eres tú – alzó la mano antes de que él pudiera replicar-. Lo haré lo mejor que pueda. Te lo prometo. Y ahora, ¿por qué no nos dejas a solas? Responderé a las preguntas de Emma y la haré sentirse como en casa. Tú puedes irte a mejorar tu encanto.
