
¿Estaba siendo raptada?
– No pueden obligarme a ir -dijo, más para oír las palabras que porque las creyera. Tenía el presentimiento de que Alex y su compañero podían obligarla a lo que fuese.
– Tiene razón. No podernos obligarla a aceptar la invitación. Sin embargo, su país le estaría muy agradecido si considerara su oferta -sonrió-. Estará completamente segura, señorita Kennedy. El rey es un hombre honorable. No va a tenerla encerrada en un harén.
– Ni siquiera se me había pasado esa idea por la cabeza -declaró ella con vehemencia, aunque no del todo sincera.
¿Un harén? Eso era imposible. Los hombres no la encontraban especialmente atractiva, y ella… bueno, hacía lo posible por evitar los asuntos del corazón. Se había enamorado una vez y resultó ser un completo desastre.
– Se trata de un gran honor -dijo Alex-. Siendo la invitada personal del rey, se alojará en el famoso palacio rosa. Es algo extraordinario.
Emma volvió al sillón y se sentó.
– ¿Podemos detenernos por un segundo y reflexionar sobre la situación? Soy enfermera. Asisto partos para ganarme la vida. A menos que el rey tenga una esposa embarazada, ¿por qué iba a estar interesado en mí? Supongo que si saben el número de mi pasaporte, también sabrán que sólo he salido una vez del país, y fue hace seis años. Llevo una vida bastante tranquila y aburrida. Les repito que se han equivocado de persona.
– Dos semanas, señorita Kennedy -insistió Alex, sin perder un ápice de su buen humor-. ¿Le parece que es pedir demasiado? Las enfermeras voluntarias del ejército dedican mucho más tiempo.
Oh, maldito fuera. Quería hacerla sentirse culpable. Y eso no le gustaba nada a Emma. Sus padres habían sido expertos en inculcarle remordimientos.
– Yo la acompañaré a Bahania para asegurarme de que llega sin problemas -siguió Alex-. Una vez que esté instalada, volveré a Washington -hizo una pausa-. Es una gran oportunidad para usted, señorita Kennedy. Espero que no la pierda. Si podemos salir para el aeropuerto dentro de una hora, estaremos en Bahania mañana por la tarde.
