– Esto no puede estar pasando -murmuró, incapaz de creérselo.

La limusina se detuvo frente a la entrada, un portal en forma de arco lo bastante grande para que pasara un desfile de músicos.

– Ya hemos llegado -dijo Alex.

– ¿Y ahora qué? -preguntó ella.

– Ahora conocerá al rey.

Genial. Si alguna vez salía de aquello, lo primero que haría sería quejarse por la falta de información de Alex.

La puerta de la limusina se abrió y Alex salió primero. Emma se alisó la falda que se había puesto en el avión y respiró hondo para reunir fuerzas y valor. No fue suficiente, por lo que no la sorprendió que se echara a temblar cuando salía al calor de la tarde.

Había varias personas a la entrada del palacio. Alex, el chofer de la limusina y unos hombres uniformados que parecían ser criados. Ni rastro del rey. ¿Estaría esperando en el interior? ¿No debería haberle explicado Alex cuál era el protocolo a seguir?

Antes de que pudiera preguntárselo, notó un movimiento a su izquierda. Se giró y vio a un hombre emergiendo de las sombras. Era alto, de un atractivo oscuro y casi familiar. Entonces la luz del sol le iluminó el rostro y Emma ahogó un grito de asombro. No podía ser. No después de tanto tiempo. Había pensado que… Él jamás…

La mezcla del shock, la falta de sueño, la comida y el jet lag hicieron que el corazón se le desbocara y que la sangre le abandonara la cabeza. El mundo empezó a dar vueltas, se volvió difuso y acabó oscureciéndose por completo cuando Emma cayó al suelo.

El príncipe Reyhan miró a su padre, el rey de Bahania, y negó con la cabeza.

– No ha ido tan mal.

Capítulo 2

Varios criados corrieron hacia la mujer desvanecida, pero Reyhan los apartó y se arrodilló junto a Emma. Le agarró la muñera y le comprobó el pulso.

Era rápido, pero estable.

– Llamad a un médico -ordenó firmemente, y alguien se apresuró a obedecer.



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