
– ¿Y para qué queréis una fuerza aérea? -preguntó ella.
– Para proteger los yacimientos petrolíferos. Con tanta inestabilidad a nuestro alrededor, tenemos que proteger nuestros recursos.
– El petróleo no durará eternamente.
– Cierto, y por eso estamos diversificando nuestras exportaciones. Bahania no quedará atrás en el mercado mundial.
«Guapo y listo», pensó ella, con una sonrisa. Ahora sólo le faltaba que la viera como a una mujer atractiva y deseable y su vida estaría completa. Sabía que el príncipe estaba soltero, pero lo había visto en fotos siempre acompañado de una u otra hermosa mujer. Aunque entre ellas, ninguna que fuera piloto de caza.
De repente, Muffin se agitó nerviosa en sus brazos. Unos segundos después, un enorme gato blanco apareció por la puerta de una sala de reunión tan grande como todo el congreso.
Billie soltó un grito y apretó con fuerza a la perrita.
– ¿Qué es eso? -preguntó dando un paso atrás.
– Un gato -respondió el príncipe, con paciencia aunque extrañado.
– Ya sé que es un gato, pero ¿qué hace aquí?
– A mi padre le gustan los gatos.
Billie miró al demonio blanco y peludo y protegió a Muffin con sus brazos.
– ¿Quieres decir que hay gatos en el palacio?
– Docenas. ¿Algún problema?
Billie vio que la boca del príncipe se torcía ligeramente, divertido ante su reacción.
– No me gustan los gatos.
– No te harán daño. Y a Muffin tampoco- le aseguró él.
Ella no estaba tan segura.
– ¿Tienes alergia?-preguntó él, preocupado ante una reacción tan desmesurada.
– No exactamente.
– ¿Entonces qué exactamente?
– De niña tuve una mala experiencia.
– ¿Con un león?
Billie cerró los ojos. De repente no le parecía tan guapo ni tan inteligente.
– ¿Quieres llevarme a mi habitación?
– Será un placer.
