Capítulo 2

Jefri se dio cuenta de que a su invitada no le hacían ninguna gracia los gatos. Aunque a él no le gustaban demasiado, tampoco lo molestaban. Pero ver a Billie Van Horn escapar nerviosa de un animal inofensivo y comportarse como si estuviera en peligro mortal cada vez que uno se cruzaba en su camino le hizo preguntarse qué trauma había podido causar una aversión tan exagerada.

Al menos pensar en la fobia de la mujer a los felinos le hacía olvidar momentáneamente la perfección de su cuerpo. Un cuerpo de curvas perfectas e intenso atractivo. Su olor, una mezcla de jabón, colonia floral y la propia fragancia femenina, le hacía arder la sangre. Sin embargo, ella parecía mucho más preocupada por protegerse de los gatos que merodeaban por palacio que de intentar atraer su atención.

La llevó a un ascensor que los condujo a la tercera planta. Cuando la puerta se abrió, había otro gato color canela sentado tranquilamente en el pasillo. Billie dio un salto atrás.

– ¿Te han atacado alguna vez? -preguntó él.

– No a mí -dijo ella, rodeando con cuidado al felino de más de cinco kilos de peso-, a una buena amiga. Muffin sólo pesa tres kilos -le recordó… La pueden destrozar y tomársela para desayunar.

Jefri pensó en todas las horas que los gatos de su padre pasaban durmiendo o comiendo.

– Dudo que sean tan ambiciosos -comentó-. Tu habitación está aquí -dijo, señalando una puerta.

Dio un paso delante de ella y la abrió. Billie entró y contuvo la respiración. La habitación consistía en una espaciosa zona de estar, con ventanales que se abrían hacia el Mar de Arabia y una amplia puerta doble que comunicaba con el dormitorio.

– ¿Estarás cómoda? -preguntó él.

– Ya lo creo. Y si tuviera que subarrendar una parte para complementar mis ingresos, habría sitio de sobra para dos o tres inquilinos -añadió con una sonrisa-. A esto me podría acostumbrar.



12 из 136