
Billie terminó de secarse el pelo y se echó hacia atrás para contemplar el efecto.
– No está mal -murmuró a su reflejo, retocándose un rizo.
Siempre había tenido mucho pelo, y la falta de humedad en el país del desierto garantizaba que su peinado se mantendría por más tiempo.
Casi una hora en la inmensa bañera la había relajado, y ahora, enfundada de nuevo en un vestido de verano y sintiendo el cambio de horario, el cansancio empezaba a apoderarse de ella.
– Deberíamos dar un paseo -dijo a Muffin entrando en el salón de la suite-. Aunque un par de vueltas en esta habitación es casi lo mismo, ¿verdad? – dijo, sonriendo, mientras contemplaba los elegantes muebles de estilo occidental y los cuadros que decoraban las paredes.
En la zona del sofá había una exquisita alfombra persa, y a la izquierda una zona del comedor. La vista era espectacular y el silencioso aire acondicionado mantenía la habitación a unos agradables veinticuatro grados las veinticuatro horas del día.
– La buena vida -dijo, tomando a Muffin en brazos-. Bien, ¿qué tal si damos una vuelta y después pensamos en la cena? Supongo que el palacio tendrá servicio de habitaciones. Se me ha olvidado preguntárselo al príncipe.
Claro que el olvido era fácilmente explicable. ¿Quién se iba a acordar de eso mientras el hombre, tan alto y principesco, le enseñaba la habitación?
– El tío está como un tren -le dijo a la perrita saliendo al pasillo-. Ojalá fuera mi tipo.
Pero ella no tenía ningún tipo especial de hombre. Para decidir cuál era su tipo habría necesitado un mínimo número de relaciones sentimentales. Que ella no había tenido.
Billie fue hasta el final del pasillo y bajó las escaleras. Tenía un buen sentido de la orientación, y logró llegar al jardín en menos de cinco minutos.
O los jardines, mejor dicho. Distintos jardines que se sucedían en una exquisita variedad de estilos, desde el jardín inglés más formal rodeado de setos cuidadosamente podados a plácidos estanques rodeados de exótica vegetación tropical. Dejó a Muffin en el suelo con cautela, y vigiló la posible llegada de los gatos.
