Y ni siquiera era mediodía.

Capítulo 2

GENIAL! Una limusina…

Cleo no pudo evitar el comentario de asombro cuando salieron del palacio y se encontraron ante el vehículo que los estaba esperando. Hasta Zara intentó animarse, porque a fin de cuentas era la primera vez que iba a subir a un coche tan lujoso, pero no lo consiguió; Rafe Stryker seguía muy cerca y ella apenas tenía energías para concentrarse en respirar.

Su propia reacción la tenia perpleja. No sabia por qué actuaba de ese modo. Ciertamente acababa de pasar por una situación impactante que habría puesto nerviosa a cualquier persona, pero ya había pasado un buen rato y no podía creer que su alteración se debiera sólo a eso. De hecho, estaba tan desesperada por encontrar una respuesta fácil que pensó que el golpe había sido más fuerte de lo que había imaginado y que tal vez tuviera una conmoción.

Cleo fue la primera en subir al vehículo; por desgracia para su hermana, se sentó junto al conductor y Zara no tuvo más remedio que compartir la parte de atrás con Rafe. Como el habitáculo era enorme, se apartó tanto como pudo. Necesitaba poner espacio entre los dos.

– Debería haberme quedado en casa -dijo en voz alta, antes de darse cuenta de lo que hacía.

Rafe la miró y dijo:

– Ahora es demasiado tarde.

Cuando el coche arrancó, Cleo se asomó por la ventanilla y dijo:

– Es verdad, es de color rosa. Cuando investigué sobre tu país, leí que lo llamaban el palacio rosa por esa razón, pero al llegar no le presté atención…

– No es que no le prestaras atención, es que no es de ese color -explicó él-. Es un efecto del mármol de las paredes; con determinadas condiciones de luz, se ve rosa en la distancia.

– Pues me gusta mucho -dijo Cleo-. Es una lástima que no haya podido ver a ninguno de los famosos gatos de palacio… ¿Es verdad que el rey tiene decenas?



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