– Ya lo veo. Y supongo que el detalle de que os atacaran en el palacio también formaba parte de vuestro plan -se burló.

– Eso ha sido culpa tuya, no mía.

– En una situación como la vuestra, hay que estar preparado para cualquier contingencia -observó.

Zara pensó que tenia razón, pero había una cosa que quería preguntarle y decidió hacerlo.

– ¿Es verdad que me parezco a la princesa Sabra?

– Tanto como para confundir a un guardia nuevo.

– Pero no a ti…

– No, no a mí. Siento haberte atacado, por cierto.

– Descuida, es lógico que lo hicieras. Pensaste que yo era una amenaza.

Al mirarla, Rafe se preguntó cómo era posible que hubiera pensado que aquella mujer podía suponer algún tipo de amenaza. Pero eso era lo que había hecho.

– Entonces, crees que existe la posibilidad de que sea la hija del rey, ¿no es cierto? -preguntó de nuevo, como para asegurarse.

– Si, eso creo. Por cierto, ¿qué sabes de tu nombre?

– No gran cosa, al margen de que es poco habitual en mi país. Pero si hubieras conocido a mi madre, no te sorprendería. No se puede decir que fuera la persona más convencional del mundo, ni mucho menos.

– Tu nombre no es simplemente original. Zara también era el nombre de la madre del rey Hassan.

Zara se estremeció como si de repente hiciera frío y Rafe lo comprendió de sobra. Había ido a Bahania para conocer a su padre e iba a recibir mucho más de lo que había imaginado.


Cuando Rafe se marchó, Zara comenzó a caminar de un lado a otro, nerviosa.

– Ha dicho que llamará en cuanto hable con el rey y que tal vez pueda verlo esta misma tarde. Pero, ¿qué clase de hombre podría ver a un rey con tanta facilidad?

– Un hombre con muchos contactos -dijo Cleo, sonriendo-. Pero no entiendo que te lo tomes a la tremenda… ¿Qué podría pasar? Si resulta que no eres hija del rey, disfrutaremos de unas vacaciones y volveremos tranquilamente a casa.



16 из 133