Zara sabía que su hermana tenía razón, pero en el fondo detestaba la idea de volver a casa sin padre.

– No pensé que pudiera ser tan complicado.- confesó.

– Si lo piensas bien, no es tan complicado. No ha cambiado nada.

Zara se sentó en la cama y pensó que Cleo se equivocaba en muchos sentidos. La vida no le parecía la misma desde que Rafe Stryker se había arrojado sobre ella. Ahora no podía dejar de pensar en sus preciosos ojos ni en lo que había sentido con su leve contacto.

– ¿Quién crees que es Rafe? Al principio vestía como un jeque, pero obviamente es de Estados Unidos.

– Da igual quién sea mientras haga lo que ha prometido. Olvídate de él y piensa en el palacio… ¿No te gustaría vivir en él? Es precioso.

– Es demasiado grande -dijo Zara.

Cleo suspiró.

– ¿Qué voy a hacer contigo? Tienes la oportunidad de tu vida y no dejas de poner pegas. Estamos hablando de convertirte en princesa, algo que no pasa todos los días… Y por supuesto, estamos hablando de no tener que volver a preocuparnos por el dinero -le recordó su hermana-. Hasta hace poco tiempo, éramos tan pobres que vivíamos al día.

– Lo sé.

– Podrías ser rica…

– No quiero ser rica, sólo quiero tener una familia.

– Bueno, puedes tener una y ser rica además.

Zara rió.

– ¿Es que no puedes pensar en otra cosa?

Cleo sonrió.

– Sí, pero los diamantes llaman mucho la atención…

– Di lo que quieras. Sé que en el fondo quieres lo mismo que yo: una familia de verdad.

– Es posible. Pero la realeza tampoco me sentaría mal.

– ¿Crees que Rafe trabaja para el rey? -preguntó, mientras se cruzaba de piernas.

– Eh, deja de pensar en ese tipo… En primer lugar, estás a punto de saber si el hombre más rico del país, un rey de carne y hueso, es tu padre. Y en segundo lugar, debo recordarte que tienes muy mala suerte con los hombres.



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