
– Lo sé, lo sé… Pero a pesar de eso, me pregunto si estará libre.
Cleo le arrojó una almohada a la cabeza.
– Basta ya, hermanita. Olvídate de eso y piensa en la posibilidad de ser una princesa.
– Está bien.
Sin embargo, Zara no siguió el consejo de Cleo. En cuanto se tumbó en la cama, su imaginación voló a un hombre alto, de aspecto peligroso y con una mirada que llegaba al alma.
Capítulo 3
EN lugar de ir a ver directamente al rey, Rafe fue en primer lugar a su despacho y encendió el ordenador. Quería investigar la posibilidad de que Zara Paxton fuera hija ilegítima del rey Hassan.
Aunque en gran parte estaba convencido de la verosimilitud de su historia, la única prueba que tenia era su instinto. Sabía que el rey visitaba Nueva York con frecuencia desde hacia varias décadas y que podía haber mantenido una relación amorosa con una estadounidense, así que pensó que podía echar un vistazo a los datos financieros del monarca en busca de posibles compras de joyas. Pero se dijo que seria mejor que se lo preguntara.
Sacó el anillo que se había guardado en el bolsillo y lo miró a la luz de la media tarde. Después, volvió a leer la inscripción y se preguntó cuánto afecto habría sentido el rey por aquella mujer. Ninguna de sus amantes le duraba demasiado tiempo, y en cuanto a sus sucesivas esposas, sólo había estado realmente enamorado de una de ellas.
En cualquier caso, sólo había una forma de descubrirlo.
Llamó a la secretaria del rey y preguntó si podía concederle unos minutos. Por fortuna, el monarca no tenía ningún compromiso inmediato y poco después tomó las cartas y el anillo y se dirigió a su encuentro.
Su Alteza el rey de Bahania creía en las primeras impresiones. Por eso, su despacho era tan grande como un campo de fútbol, estaba lleno de obras de arte y daba a un precioso jardín en mitad del cual se veía una gran fuente de mármol blanco. Ante 1as puertas dobles de la sala montaban guardia cuatro soldados, vestidos con trajes de época. Y una vez dentro, tres secretarias protegían al rey de visitantes inesperados.
