
Entonces, observó al hombre que seguía hablando por teléfono. Como llevaba una túnica, no podía adivinar gran cosa de su cuerpo; pero había notado su fuerza cuando la inmovilizó en el suelo. Tenía un ligero acento que denotaba su origen estadounidense y lucía un bonito moreno.
Sintió curiosidad y se preguntó qué estaría haciendo allí y por qué se dedicaba a apuntar con su pistola a los turistas.
En ese momento, como si hubiera notado la atención de la mujer, Rafe se volvió hacia ella. Zara se ruborizó y quiso apartar la mirada, pero no lo hizo. Era como si estuviera hechizada. Sólo pudo pensar en la sensación de haber sentido todo su peso sobre el cuerpo.
Sin embargo, la expresión de Rafe era tan fría y distante que no notó reacción alguna por su parte. Al cabo de unos segundos, é1 colgó el teléfono y ella tuvo la impresión de que acababa de librarla del hechizo. Se sentía expuesta, casi desnuda.
– ¿Qué hace una profesora de colegio como tú en un lugar como Bahania? -preguntó Rafe, tuteándola.
– No soy profesora de colegio, sino de universidad.
El se encogió de hombros, como si no entendiera qué diferencia había entre las dos cosas, y Cleo decidió intervenir.
– Zara se tuvo que esforzar mucho para conseguir ese empleo, así que será mejor que la trates con respeto -dijo, sin dejar de devorar canapés.
Rafe la miró y la rubia hermana de Zara retrocedió un paso.
– Lo digo en serio -continuó Cleo, a pesar de ello-. Además, es muy posible que su padre sea el rey. Y supongo que no querrás molestar al rey, ¿verdad?
– ¿E1 rey Hassan es tu padre?
Rafe lo preguntó en tono de burla y Zara decidió que había llegado el momento de poner las cosas en su sitio.
Dejó la limonada a un lado, se puso muy derecha y dijo:
