
Laura sabía que la estaban probando y estaba dispuesta a aguantar el tiempo y las preguntas necesarias. Agradecía la prudencia del grupo portugués. No quería ningún dato que un día a ella pudiera serle difícil ocultar; su juego era otro juego.
Por fin habló:
– Yo no sé si lo haría -dijo-. Correr el riesgo de tener que disparar.
– Siempre puedes disparar a una pierna -dijo la portuguesa.
– ¿Y si fallas?
– Todos podemos matar a alguien conduciendo, por un error, y sin embargo cogemos el coche.
Laura sacó un sobre de su mochila y se lo entregó a la portuguesa.
– Es una lista de lugares donde obtener documentación falsa en Madrid. Podéis verificarla o descartarla, como queráis. Os la entrego… a cambio de esta cita.
La portuguesa se puso en pie:
– No te entiendo.
– No ha sido una trampa -dijo Laura-. Aunque sí he mentido. No quiero entrar en vuestro grupo pero necesito que alguien sepa que podría hacerlo.
– ¿Insinúas que te han seguido? -preguntó la portuguesa impasible.
– Hay otra cosa que quiero daros -dijo Laura sin contestar. Extrajo ahora una carpeta flexible de la mochila-. Es alguna información que tiene sobre vosotros la embajada americana. Puede que haya más, no lo sé, ésta la conseguimos por un golpe de suerte.
Laura tendió la carpetilla a la portuguesa. Ella, sin hacer ademán de cogerla, preguntó:
– ¿Quiénes la conseguisteis?
