– Sin embargo, se permiten el lujo de jugar. El riesgo de que nos aprovechemos de la situación y filtremos la noticia es alto.

– Nos conocen -dijo Wilson-. Saben cómo trabajamos. Nuestro equipo no se moverá hasta tener más datos. Ni siquiera puedes demostrar con quien habla la chica realmente, sólo en qué locales entra, o mejor: en qué portales de qué locales se deja ver cuando entra.

– ;Tienes una teoría?

– Es posible que quieran dinero. Hace un par de meses hicimos movimientos, dinero a cambio de información. Ellos se negaron, pero los sobornos hay que dejados madurar. Si quieren dinero, supongo que tú eres un buen intermediario, alguien que no les compromete demasiado.

También podrían estar siendo víctimas de sus propias carencias y que se trate de una chapuza, de alguien a quien no tienen tiempo de controlar.

– Si tu primera teoría es buena, les daré lo que quieren. Seré su intermediario, te trasladaré sus peticiones.

Wilson negó con la cabeza.

– No deberías hacerlo tú -le interrumpió-. No vas a ganar nada. Y puede ocurrir que te empantanes y dejes de fijarte en otros asuntos.

– Tú te fijarás -dijo Hull-. Es precisamente lo que quería que hicieras. Permanecer atenta por mí, mirar allí donde puedan querer que yo no mire.

– Lo haré. Sabes que me gusta. Pero aun así. Este es un caso para alguien -un aura de piel ruborizada rodeó las manos que sujetaban la cara de Wilson-, bueno, a quien no le queden seis meses.

– Debería aprovechar estos meses para hacer méritos, es lo que quieres decir-dijo Hull suavemente.

Wilson cambió de postura, bajó las manos y a Hull le pareció que iban a acariciar las suyas aunque se detuvieron en el centro de la mesa.

– Algo así -dijo Wilson-. No deberías renunciar a un puesto de consejero.

– Las cosas en mi carrera no han salido del todo bien. -El tono de Hull era en extremo gentil-. También podían haber salido peor, así que no me quejo. Pero no me hago ilusiones. Me ocuparé de este caso, al menos unos días, porque me divierte, si quieres, quizás incluso por cobardía. Ya no estoy para agotar el tiempo con la lengua fuera a ver si me dan una medalla. Y no es que no quiera la medalla. Lo que no quiero es matarme a correr cuando sé que, como mucho, puedo llegar el quinto.



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