La fiesta no se debía a ningún motivo especial, sólo pretendía reunir a algunos amigos, y Gabriella reconoció a unos cuantos. La mayoría siempre había sido amable con ella las pocas veces que la habían visto. Sus padres nunca la presentaban en sociedad, y Gabriella siempre estaba allí, oculta en lo alto de la escalera, olvidada por todos. Eloise opinaba que los niños no debían aparecer en las reuniones sociales, y para ella la existencia de Gabriella carecía de toda importancia. De tanto en tanto alguna amiga le preguntaba por su hija, sobre todo en el club de bridge, y Eloise hacía un gesto airado con la mano, como si Gabriella fuera un insecto fastidioso que se había cruzado en su camino. Nohabía fotografías de ella en la casa, pero había un montón de Eloise y John en marcos de plata. Ella jamás aparecía en las fotos. Dejar constancia de su infancia no era importante para sus padres.

Gabriella sonrió cuando en el vestíbulo entró una mujer rubia muy bonita. Marianne Marks lucía un vestido de gasa blanca que parecía flotar y estaba h ablando con su marido. Era una amiga íntima de los padres de Gabriella y su esposo trabajaba con John. De su cuello pendía un collar de diamantes, y sus manos aceptaron con elegancia la copa de champán que le ofrecía el camarero. En ese momento alzó instintivamente la vista y vio a Gabriella. Una aureola fulgurante rodeaba la cabeza de Marianne. Entonces la niña se dio cuenta de que los destellos provenían de una pequeña diadema de diamantes. Marrianne Marks parecía la reina de las hadas.

– ¡Gabriella! ¿Qué haces ahí arriba? -preguntó la mujer con una dulce sonrisa a la niña del camisón de franela rosa oculta en el último escalón.

– Shhh… -se llevó un dedo a los labios y frunció el entrecejo. Si sus padres la descubrían, tendría serios problemas.

– Oh… -Marianne Marks comprendió la situación, o por lo menos eso creía, y echó a correr escaleras arriba. Llevaba unas sandalias de raso blanco con tacón y no hizo ningún ruido. Su marido esperaba abajo contemplando sonriente a su mujer y a la hermosa niña que ahora susurraba algo a Marianne mientras ésta le daba un abrazo-. ¿Qué haces aquí? ¿Contemplando a los invitados?



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