
– Ojalá viviera contigo -barboteó Gabriella cuando regresaban a la escalera cogidas de la mano.
A Marianne le extrañaron aquellas palabras.
– A mí también me gustaría -respondió. Detestaba tener que dejarla. Notaba cómo la criatura tiraba de su corazón, y la tristeza de sus ojos le encogía el estómago-. Pero mamá y papá se quedarían muy tristes.
– No es verdad -aseguró Gabriella, y Marianne la miró preguntándose si sus padres la habían regañado. Ella sería incapaz de regañar a una niña como Gabriella.
– Dentro de un rato volveré para saludarte -dijo Marianne-. ¿Quieres que suba a verte a tu cuarto?
Una promesa era la única manera de tranquilizar su conciencia por abandonar a esa criatura de mirada implorante que le desgarraba el corazón. Pero Gabriella sacudió la cabeza.
– No puedes venir a verme -dijo con voz seria. si su madre las descubría, el precio que tendría que pagar sería altísimo. Eloise no soportaba que sus amigas hablaran con Gabriella y todavía menos que subieran expresamente a verla. Ella sabía que la furia de su madre no tendría límite-. No te dejarán.
– Intentaré escaparme dentro de un rato… -le aseguró Marianne. Empezó a bajar y le envió un último beso por encima de su elegante hombro. Luego, cuando se hallaba a medio tramo, se volvió hacia la pequeña-. Volveré Gabriella… te lo prometo.
Llegó al vestíbulo con un desasosiego en el corazón que no alcanzaba a comprender. Su marido iba por la segunda copa de champán y estaba hablando con un apuesto conde polaco. Los ojos del conde se iluminaron al ver a Marianne, y Gabriella vio cómo le besaba la mano. Luego se alejaron para reunirse con los demás invitados. A Gabriella le dieron ganas de bajar corriendo y agarrarse a Marianne, de buscar en ella seguridad y protección. Sintiendo la mirada de la pequeña todavía clavada en ella, Marianne levantó la vista, agitó una mano y desapareció cogida del brazo de su marido. Gabriella cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la barandilla. Todavía podía ver la diadema sobre su cabeza y recordar la mirada de la mujer y el delicioso aroma de su perfume.
