
En aquella época Eloise era bonita y joven, casi una belleza, y a John le volvía loco su indiferencia. Le rogó, le suplicó desesperadamente que se casara con él, y cuanto más insistía más distante se mostraba ella. Tardó cerca de dos años en convencerla de que fuera su esposa. Quiso tener hijos nada más casarse, le compró una casa preciosa y estaba tan orgulloso de Eloise que casi cacareaba cuando se la presentaba a sus amistades. Con todo, tardó casi otros dos años en convencerla de que tuvieran un hijo. Eloise siempre decía que necesitaba más tiempo. Y aunque nunca lo confesó, lo cierto era que no quería ser madre. Había tenido una infancia tan infeliz que la idea de traer niños al mundo le resultaba muy poco atractiva. No obstante, significaba tanto para John que al final cedió. Pero enseguida lo lamentó. Estuvo enferma durante todo el embarazo y el parto fue una experiencia horrible que nunca repetiría ni olvidaría. En opinión de Eloise, y a pesar del adorable bulto rosado que le colocaron en los brazos al día siguiente, no merecía la pena. Y desde el principio le molestó la atención que John prestaba a la criatura. Mostraba la misma pasión que en otros tiempos había mostrado por ella. De repente se hubiera dicho que sólo podía pensar en Gabriella: tenía frío, tenía calor, había comido, le había cambiado el pañal, había reparado en su preciosa sonrisa… John veía en la pequeña un enorme parecido con la abuela paterna. Y a Elosie le entraban ganas de gritar.
