Y más se enfadó aún el día que John alabó los hermosos tirabuzones de su hija. A la mañana siguiente Gabriella tuvo su primer corte de pelo. Eloise la llevó a la peluquería con la niñera y a su regreso los tirabuzones ya no estaban. Y cuando John preguntó por qué lo había hecho, su esposa le contestó que era bueno para la niña.

La rivalidad se agravó cuando Gabriella empezó a decir frases enteras y a correr por los pasillos llamando a su padre. Intuyendo el peligro, solía dibujar un amplio círculo para esquivar a su madre. Eloise a duras penas podía contener la rabia cuando les veía jugar, y el día que John empezó a criticarla por el poco tiempo que dedicaba a su hija se hizo el abismo entre ellos. Eloise estaba harta de las quejas de su marido. Consideraba su actitud repulsiva y poco masculina.

Gabriella recibió la primera zurra a los tres años, una mañana en que el plato del desayuno se le cayó al suelo. Eloise estaba sentada a su lado, tomando una taza de café, y en cuanto el plato tocó el suelo se volvió hacia su hija y la abofeteó.

– No vuelvas a hacer una cosa así ¿entendido? -gritó-. ¿Me has oído? -Gabriella, cuyos rizos habían aparecido de nuevo, miró a su madre con lágrimas en los ojos y el miedo reflejado en la cara-. ¡Contéstame!

– Lo siento, mami…

John acababa de entrar en la habitación y presenció la escena, pero estaba tan espantado que no hizo nada por detener a su esposa. Temía que su intervención empeorara las cosas. Nunca había visto a Eloise tan enojada. Tres años de rabia, celos y frustración acababan de estallar como un volcán colmado hasta el borde.

– ¡La próxima vez te daré un azote en el trasero! -dijo Eloise con el rostro colérico mientras zarandeaba a su hija-. Eres una niña muy mala, y a la gente no le gustan las niñas malas.

Gabriella desvió la mirada hacia su padre, de pie en el umbral de la puerta. Pero John no dijo nada. Tenía miedo. Y cuando Eloise reparó en su presencia, cogió a la niña y se la llevó al cuarto sin desayunar, y antes de irse la zurró en el trasero. Gabriella se quedó tumbada en la cama, llorando.



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