
– La han metido en una bolsa de basura o algo parecido -dijo Maddox. Señaló bruscamente con la cabeza un grupo de coches-. ¿Ves aquel Mercedes?
– Sí.
Caffery siguió andando. Un hombre de anchas espaldas con un abrigo de pelo de camello se encorvaba en el asiento delantero de un Mercedes mientras hablaba con un agente del CID.
– Es el propietario. Ese asunto del Millenium lo ha puesto todo patas arriba. Dice que la semana pasada contrató a un equipo para que limpiara todo esto. Seguramente la maquinaria pesada removió la fosa, y a la una de esta madrugada…
Se detuvo un momento al llegar a la barrera, y luego se adentraron en la escena del crimen.
– A la una de esta madrugada, tres tipos estaban aquí bebiendo cerveza y se tropezaron con el fiambre. Ahora están en comisaría, la coordinadora nos contará algo más, ya ha hablado con ellos.
Fionna Quinn, de la policía científica, desplazada del Yard y coordinadora en la escena del crimen, los esperaba al lado de una furgoneta en un claro iluminado por focos, enfundada en su mono blanco. Se quitó la capucha mientras ellos se acercaban.
Maddox hizo las presentaciones.
– Jack, la doctora detective Quinn. Fionna, mi nuevo inspector, Jack Caffery.
Caffery le tendió la mano.
– Encantado.
– Lo mismo digo.
La mujer se sacó los guantes de látex y estrechó la mano de Jack.
– Es su primer caso, ¿verdad?
– En el AMIP, sí.
– Bien, me hubiera gustado poder recibirlo con algo menos desagradable. Algo le partió el cráneo, seguramente una máquina. De la cintura para abajo está enterrada bajo un prefabricado de hormigón, probablemente de una acera o algo así.
