
– ¿La respuesta podría empeorar los cargos presentados contra los otros guardias? -preguntó Shelby.
– No -dijo Biggs-, pero ya que no hay cargos presentados contra el Teniente, la pregunta está fuera de lugar en esta investigación.
Biggs había mentido, suave y fácilmente; había mentido como si fuera verdad. Él realmente no sabía si la respuesta de Frost habría sido perjudicial, porque no tenía ni idea del porqué a los tres guardias en cuestión los habían desterrado de la Corte de la Luz. (Aunque en el caso de Galen, él no hubiera sido desterrado porque había nacido y crecido en la Corte Oscura; no puedes ser exiliado de un sitio del cual nunca has formado parte.) Biggs, previsoramente, no había permitido ninguna pregunta que pudiera interferir con la defensa que había preparado para sus clientes.
– Éste es un procedimiento muy informal -dijo Veducci con una sonrisa. Irradiaba el encanto de un muchacho bueno y encantador. Era un truco que casi bordeaba la mentira. Él nos había investigado. Y había tratado con las cortes más que cualquier otro de los abogados. Iba a ser nuestro mayor aliado o nuestro contrincante más duro.
Continuó, todavía sonriendo, permitiéndonos ver su mirada cansada.
– Hoy todos estamos aquí para ver si los cargos que el Rey Taranis presentó en nombre de Lady Caitrin deberían de seguir procedimientos más formales. El que los guardias de la princesa cooperen con la investigación contribuye a desmentir los cargos contra ellos presentados.
– Dado que todos los guardias tienen inmunidad diplomática, estamos aquí por pura cortesía -dijo Biggs.
– Lo que realmente apreciamos -contestó Veducci.
– Hay que tener presente -terció Shelby-, que el Rey Taranis ha declarado que toda la guardia de la reina, y ahora guardia de la princesa, son un peligro para los que estén a su alrededor, sobre todo si son mujeres.
