Declaró que esta violación no le había sorprendido. Parecía pensar que era el resultado inevitable de permitir a los Cuervos de la Reina el acceso ilimitado al sithen. Uno de los motivos por los que él presentó los cargos ante las autoridades humanas, acción sin precedentes en toda la historia de la Corte de la Luz, fue debido a que temía por nosotros. Si una noble sidhe con los poderes mágicos de Lady Caitrin podía ser tan fácilmente sometida, entonces… ¿qué esperanza tenemos los meros humanos ante su… lujuria?

– Lujuria antinatural -dije.

Shelby volvió sus ojos grises hacia mí.

– Yo no dije eso.

– No, no lo hizo, pero apuesto a que mi tío Taranis sí.

Shelby se encogió ligeramente de hombros.

– No parece que le gusten mucho sus hombres, eso si es verdad.

– O yo -le contesté.

La cara de Shelby mostró sorpresa, y lamenté no saber si ésta era genuina, o si mentía con su expresión.

– El rey sólo tenía cosas buenas que decir sobre usted, Princesa. Él parece sentir que usted haya sido… -en el último momento pareció cambiar lo que estaba a punto de decir-… pervertida por su tía, la reina, y sus guardias.

– ¿Pervertida? -le pregunté.

Él asintió.

– Eso no es lo que él dijo, ¿o sí?

– No, con estas palabras no.

– Debe haber sido realmente ofensivo para usted, tener que dulcificarlo hasta este extremo -comenté.

La verdad, Shelby parecía incómodo.

– Antes de que yo viera al Embajador Stevens y su reacción hacia usted, y el posible hechizo en su reloj, yo podría haber declarado simplemente lo que el rey dijo -comentó Shelby dirigiéndome una mirada franca. -Digamos que Stevens ha conseguido que me pregunte por la vehemente aversión del Rey Taranis hacia toda su guardia.

– ¿Toda mi guardia? -pregunté de nuevo, con un tono ascendente en mi voz.

– Sí.

Miré a Veducci.

– ¿Él acusa a todos mis hombres de delitos?



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