
– No, sólo a los tres mencionados, pero el señor Shelby tiene razón. El rey Taranis declaró que sus Cuervos son un peligro para todas las mujeres. Él cree que el haber sido célibes durante tanto tiempo les ha conducido a la locura. -La expresión de Veducci nunca cambió mientras soltaba uno de los mayores secretos de las cortes de las hadas.
Abrí la boca para decir… “Taranis no le habría dicho eso”, pero la mano de Doyle en mi hombro me detuvo. Alcé la vista hacia su figura oscura. Incluso a través de sus gafas de sol, yo conocía aquella mirada. Esa mirada que me decía “Cuidado”. Él tenía razón. Veducci había declarado antes que él tenía fuentes de información en la Corte de la Oscuridad. Taranis no podría haber dicho eso, ni de coña.
– Es la primera vez que hemos oído al rey acusar a los Cuervos de ser célibes -dijo Biggs. Él había echado un vistazo a Doyle, pero ahora toda su atención se centraba en Shelby y Veducci.
– El rey creía que un celibato largo y forzado era motivo suficiente para el ataque.
Biggs se me acercó, y susurró…
– ¿Eso es verdad? ¿Fueron forzados al celibato?
Susurré contra su cuello blanco…
– Sí.
– ¿Por qué? -preguntó él.
– Mi reina lo ordenó así. -Era verdad, hasta cierto punto, pero me negaba a compartir secretos que la Reina Andais no querría compartir. Taranis podría sobrevivir a su ira; yo, no.
Biggs se dirigió al bando contrario.
– No concedemos importancia a este presunto celibato, pero si en realidad hubiera acontecido, estos hombres en cuestión ya no son célibes. Ahora, están con la princesa, y no con la reina. La princesa ha declarado que tres de ellos son sus amantes, por lo que no se puede alegar que ese hipotético celibato les haya conducido a la… -Biggs pareció buscar la palabra correcta-… locura -dijo menospreciando el tema con su voz, su cara, y el gesto de su mano y dejándonos ver por un momento cómo se vería su actuación ante el tribunal. Realmente merecía todo el dinero que mi tía le pagaba.
