
Shelby dijo…
– La declaración del rey y los cargos presentados son suficientes para permitir al gobierno de los Estados Unidos confinar a toda la guardia de la princesa dentro de la tierra de las hadas.
– Sé a qué ley se está usted refiriendo -comentó Briggs. -Muchos en el gobierno de Jefferson no estuvieron de acuerdo con él en acoger a las hadas aquí después de que fueran desterradas de Europa. Insistieron en aprobar una ley que les permitiera confinar permanentemente dentro del mundo de las hadas a cualquier hada que juzgaran demasiado peligrosa para vivir entre los humanos. Es una ley muy amplia, y nunca ha sido aplicada.
– Nunca ha sido necesaria antes -dijo Cortez.
Doyle se había quedado a mi espalda, con su mano descansando sobre mi hombro. Sabía que necesitaba su consuelo, o era él quien lo necesitaba. Puse mi mano encima de la suya, para podernos tocar la piel desnuda. Él estaba tan caliente, parecía tan sólido. Sólo su roce me hizo sentirme más segura de que todo iría bien. Que estaríamos bien.
– Ahora no es necesaria, y todos ustedes lo saben -dijo Biggs, mirando a los demás. -Es una tentativa de asustar a la princesa con la amenaza de confinar a todos sus guardias en el sithen. Debería darle vergüenza.
– La princesa no parece asustada -dijo Nelson.
La miré con todo el poder de mis ojos tricolores, y no pudo sostener mi mirada.
– Ustedes amenazan con tomar a los hombres que amo y alejarlos de mí -le dije. -¿Y eso no debería de asustarme?
– Debería -dijo ella-, pero no parece que lo haga.
Farmer tocó mi brazo, un gesto claro de “déjala hablar”. Me incliné hacia atrás para tocar a Doyle con mi espalda y dejar la conversación para los abogados.
– Sobre la ley en cuestión que ha mencionado el Señor Shelby -dijo Farmer-, la Familia Real de cualquier corte está exenta de cumplirla.
