– No estamos proponiendo confinar a la Princesa Meredith en el mundo feérico -aclaró Shelby.

– Usted sabe que la amenaza de mantener a todos sus guardias bajo alguna clase de confinamiento feérico legal es escandalosa -dijo Farmer.

Shelby asintió.

– Bien, entonces sólo los tres que han sido acusados de violación. Tanto el señor Cortez como yo, estamos debidamente acreditados como oficiales por la Oficina de Abogados de los Estados Unidos. Dicho simplemente, es nuestro deber y derecho confinar a estos tres guardias en tierra feérica hasta que estos cargos sean probados.

– Repito, la ley, según su texto, no puede ser aplicada a la Familia Real de ninguna corte feérica -replicó Farmer.

– Y yo repito que no estamos amenazando con hacer nada a la Princesa Meredith -dijo Shelby.

– Pero no estamos refiriéndonos a esa clase de realeza -contraatacó Farmer.

Shelby miró hacia la fila de abogados que estaban a su lado.

– No estoy seguro de seguir su argumento.

– La guardia de la princesa Meredith es de la realeza, por el momento.

– ¿Qué quiere decir con… por el momento? -preguntó Cortez.

– Significa que mientras están en la Corte de la Oscuridad, tienen un trono en la tarima real en el que se sientan por turnos al lado de la princesa -aclaró Farmer. -Son sus consortes reales.

– Ser su amante no les hace de la realeza -dijo Cortez.

– El Príncipe Phillip todavía es técnicamente el consorte real de la Reina Elizabeth -dijo Farmer.

– Pero ellos están casados -dijo Cortez.

– Pero es que en el mundo feérico, en cualquiera de las cortes, a la nobleza no se les permite casarse hasta que no esperan un hijo -explicó Farmer.

– Señor Farmer -dije, tocando su brazo-, ya que esta reunión es informal, quizás iría más rápido si yo lo explicara.

Farmer y Biggs susurraron el uno con el otro, pero finalmente conseguí su consentimiento. Me iban a permitir hablar. Oh, genial. Sonreí hacia el otro lado de la mesa, inclinándome un poco hacía delante, con las manos cruzadas cordialmente sobre la mesa.



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