
– Parece ser el razonamiento del rey -comentó Shelby. -No hemos buscado un motivo más usual para la violación.
Usual, pensé.
– He contestado a su pregunta, Princesa. Ahora, ¿declararía en el juicio que la Corte Luminosa tortura a sus presos?
Frost llegó para detenerse al lado de Doyle.
– Meredith, piensa antes de contestar.
Miré hacia atrás, encontrándome con sus preocupados ojos del mismo color que el suave gris de los cielos en invierno. Le ofrecí mi otra mano, y él la tomó.
– Taranis dejó salir a nuestro gato de su cubil, Frost. Ahora dejaremos salir al suyo.
Frost me miró con el ceño fruncido.
– No entiendo esta conversación sobre gatos, pero temo su cólera.
Tuve que reírme de él sobre todo porque también estaba de acuerdo.
– Él comenzó esto, Frost. Yo sólo lo terminaré.
Él apretó mi mano, y Doyle me apretó la otra, de modo que mis manos quedaron entrecruzadas sobre mi pecho, sosteniéndolos. Sostuve sus manos al tiempo que decía…
– Señor Shelby, Señor Cortez, a su pregunta de… ¿si declararía en el juicio que la Corte de la Luz del Rey Taranis tortura como método de castigo? Sí, lo declararía.
Se supone que era una declaración a puertas cerradas, pero si cualquiera de estos secretos llegaba a la prensa… Esta pequeña enemistad familiar se trasformaría en algo feo, muy feo.
CAPÍTULO 2
LOS ABOGADOS DECIDIERON QUE DOYLE Y FROST PODÍAN contestar algunas preguntas generales sobre cómo era ser parte de mi guardia personal, ofrecer alguna idea acerca del ambiente en el cual Rhys, Galen, y Abe habían estado viviendo. Yo no estaba segura de si eso sería de alguna ayuda, pero dado que yo no era abogado, ¿quién era yo para discutirlo?
Doyle se sentó a mi derecha, Frost a mi izquierda. Mis abogados, Farmer y Biggs movieron sus asientos para hacerles sitio.
