
Nelson era más alta que su jefe, cerca de 1’85 cm y eso sin llevar tacones demasiado altos. Su pelo era de un rojo vibrante que caía en ondas alrededor de sus hombros. Era de esa rara tonalidad que es profunda y rica, y casi tan cerca del verdadero rojo como podía llegar a estar una cabellera humana. Su traje estaba hecho a medida, conservador y de color negro, la camisa blanca, y su maquillaje de buen gusto. Sólo aquella llamarada de pelo arruinaba el exterior casi masculino que ofrecía. Era como si al mismo tiempo escondiera su belleza y llamara la atención sobre la misma. Porque era hermosa. Y había que añadir que una lluvia de pecas debajo del suave maquillaje no quitaba ningún mérito a esa piel tan impecable.
Sus ojos eran algunas veces verdes o azules, según cómo los iluminara la luz. Aquellos ojos indecisos no podían dejar de mirar a Frost y Doyle. Ella trató de concentrarse en el bloc legal en el que supuestamente tenía que ir escribiendo sus notas, pero su mirada seguía alzada, y pendiente de ellos, como si no pudiera evitarlo.
Esto me hizo preguntarme si allí había algo más que sólo hermosos hombres y una mujer distraída.
Shelby se aclaró la garganta bruscamente.
Yo me sobresalté y le miré.
– Lo siento terriblemente, Señor Shelby, ¿me estaba hablando?
– No, no lo hacía, y debería. -Él miró hacia su lado de la mesa. -Me trajeron aquí como parte neutral, pero deje que le pregunte a mis socios si tienen algun problema para formular ellos mismos preguntas a la princesa.
