– No he tratado de imponerme sobre usted, Señor Shelby, no a propósito. -Luego miré a Veducci. -Señor Veducci, usted nos dijo que simplemente estar en presencia de mi tía o mi tío ya era difícil; ¿Se lo estoy poniendo yo difícil, ahora?

– Por las reacciones de mis colegas, creo que sí.

– ¿Entonces es ésta la reacción que el Rey Taranis y la Reina Andais provocan en los humanos?

– Similar -dijo Veducci.

Tuve que sonreír.

– No tiene gracia, Princesa -dijo Cortez, sus palabras estaban llenas de cólera, pero cuando encontré sus ojos castaños, él apartó la mirada.

Miré a Nelson, pero no era yo la que la distraía; su problema estaba detrás de mí.

– ¿A quién mira usted más? -le pregunté. -A Frost o a Doyle; ¿la luz o la oscuridad?

Ella se sonrojó de esa forma encantadora en que lo hacen los humanos pelirrojos.

– Yo no…

– Venga, Señorita Nelson, confiéselo, ¿cuál?

Ella tragó con tanta fuerza que pude oírlo.

– Ambos -susurró ella.

– Les acusaremos a usted y a los dos guardias por influencia mágica en un procedimiento legal, Princesa Meredith -comentó Cortez

– Estoy de acuerdo -dijo Shelby.

– Ni yo, ni Frost, ni Doyle estamos haciendo esto a propósito.

– No somos estúpidos -dijo Shelby. -El encanto es una magia activa, no pasiva.

– La mayor parte del encanto, sí, pero no todo -les dije. Y miré hacia Veducci. Ellos le habían colocado en el punto más lejano al centro de la mesa, como si ser de St. Louis fuera algo menos. O quizás me sentía demasiado sentimental sólo porque era mi ciudad natal.

– ¿Sabía usted -dijo Veducci-, que cuando alguien está delante de la Reina de Inglaterra, lo llaman “estar en su presencia”? Nunca me he encontrado con la Reina Elizabeth, y es poco probable que lo haga, así que no sé cómo funcionaría con ella. No he hablado nunca con una reina humana. Pero la frase “en presencia de”, estar en presencia de la reina, significa mucho más cuando te refieres a la reina de la Corte de la Oscuridad. Estar en presencia del rey de la Corte de la Luz también es algo especial.



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