
– ¿Qué quiere decir -preguntó Cortez- con algo especial?
– Significa, señores y señoras, que ser el rey o la reina de las hadas te da un aura inconsciente de poder, de atractivo. Usted vive en L.A. Puede ver cómo influyen en la gente, aunque en menor grado, las estrellas o políticos. El poder parece generar poder. Tratar con las cortes de las hadas me ha hecho darme cuenta de que hasta nosotros, las personas simples, lo utilizamos a veces. Estar alrededor del poder, la riqueza, la belleza, el talento, no es más que aquello a lo que suele aspirar la naturaleza humana. Pienso que eso es el encanto. Creo que el éxito a un cierto nivel tiene encanto, y atrae a la gente hacia ti. Quieren estar a tu alrededor. Te escuchan. Hacen lo que les dices. Los humanos tienen una sombra de verdadero encanto; ahora piense en alguien que es la figura más poderosa del mundo feérico. Piense en el nivel de poder que le rodea.
– Embajador Stevens -dijo Shelby-, ¿No debería de haber sido usted el que nos advirtiera sobre tal efecto?
Stevens se alisó la corbata, jugando con el Rolex que Taranis le había regalado.
– El rey Taranis es una figura poderosa con siglos de gobierno a sus espaldas. Realmente obstenta una cierta nobleza que es impresionante. No he encontrado a la Reina Andais tan impresionante.
– Porque usted sólo se dirige a ella desde la distancia, a través de los espejos y con el Rey Taranis a su lado -le dijo Veducci.
Me impresionó que Veducci supiera esto, porque era la absoluta verdad.
– Usted es el embajador de las hadas -dijo Shelby-, no sólo de la Corte de la Luz.
