Hasta veinte años después no tuvo que reclamar los servicios de su protegido, Charlie Varriker, para que salvase la empresa de la quiebra inminente -hizo una pausa y siguió hablando sin volverse-. Supongo que estarás al corriente de las aventuras matrimoniales del Gran Bill, claro… En 1949 se casó con la pelirroja más famosa del mundo en aquel entonces. Vanessa Lañe, actriz de Hollywood, si es que se le puede llamar así. Y en 1949 se disolvió debidamente el matrimonio… -en ese momento sí se volvió a sonreír a Glass por encima del hombro-. No me digas que no es descabellado esto del amor…

Volvió a contemplar la ciudad brumosa y guardó silencio unos instantes, como si estuviera pensando.

– No sé si te das cuenta -dijo-, pero es un cliché. Es un caso típico de la CÍA. Como no hay dos. Lo es hasta tal punto que me pregunto si no será una invención de la CÍA. Fíjate en su siguiente matrimonio. En el año 58 se casó con Claire Thorpington Eliot, de los Eliot de Boston. Caramba, para Billy el Niño, el de Brewster Street, eso sí que fue subir de un salto unos cuantos peldaños y aterrizar en la cúspide del escalafón social. No tiene más que una hija, eso ya lo sabes: Louise, producto de su unión con la segunda señora Mulhollahd. La señora Claire, que es como se conocía a esa gran dama de la alta sociedad, murió en un accidente de caza: un caballo que rehúsa, y ella se parte la nuca en el acto, en abril de 1961, en la víspera, qué cosas quiere a veces el dichoso destino, de la invasión de playa Girón, más conocida como bahía de Cochinos, una aventura en la que el Gran Bill estaba metido hasta las cejas. El apenado viudo tuvo que regresar de la costa de Florida para encontrarse con que los Eliot ya habían resuelto sacar a toda prisa sus pertenencias, incluida su hija, de dos años entonces, de la gran mansión familiar, en Back Bay.

Se dio la vuelta y echó a andar hasta el sillón, sobre el que se dejó caer a plomo, antes de volver los ojos al techo.



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