Y es precisamente ese azar el que obliga a una conversación lúcida y cruel que acaba con las penúltimas certezas del maestro. Descubierta la verdad, parece existir un solo camino: la redención por el amor. Pero, de nuevo, como sucede en el canon, era una trampa más y no queda sino batirse. Es ahora cuando aquellas reglas de la estética del arte de la esgrima serán sometidas a la prueba final y confirmarán, en el momento álgido, que más allá de «ese clamor de voces que festejaban alborozadas el nuevo día que les aportaba la libertad», ese exacto ritual de paradas en tercia o en octava para «tirar cuarta sobre el brazo» confirma el arte y justifica una vida. Y como sucede en la preterida literatura clásica del siglo XIX, será esa batalla final el premio a tanto desvelo y el maestro de esgrima escribirá en el mundo real su anhelado tratado con la más perfecta estocada surgida de la mente humana.


José Perona

A Carlota. y al Caballero del Jubón Amarillo

"Soy el hombre más cortés del mundo. Me precio de no haber sido grosero nunca, en esta tierra donde hay tantos insoportables bellacos que vienen a sentarse junto a uno, a contarle sus cuitas e incluso a declamarle sus versos."

ENRIQUE HEINE Cuadros de viaje.


El cristal de las panzudas copas de coñac reflejaba las bujías que ardían en los candelabros de plata. Entre dos bocanadas de humo, ocupado en encender un sólido veguero de Vuelta Abajo, el ministro estudió con disimulo a su interlocutor. No le cabía la menor duda de que aquel hombre era un canalla; pero lo había visto llegar ante la puerta de Lhardy en una impecable berlina tirada por dos soberbias yeguas inglesas, y los dedos finos y cuidados que retiraban la vitola del habano lucían un valioso solitario montado en oro.



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