
así y todo, a pesar de mis apasionadas investigaciones, no he obtenido una conclusión taxativa en cuanto a la veracidad del manuscrito. ignoro si lo que cuenta boabdil es todo cierto, o se desvía a su favor. no sé si lo escribió íntegramente él, o lo dictó a uno o a varios secretarios -lo que parece improbable por la similitud de la grafía-; ni siquiera si se trata de una obra apócrifa, aunque contemporánea suya. sorprende en ocasiones la madurez de sus testimonios, hasta provocar la duda de si boabdil redactó todas estas memorias en fez, después de cumplir los treinta años, y es una ficción atribuirlas a épocas distintas; se oponen, sin embargo, a esta opinión la persistencia y la mudanza que coexisten en el transcurso de la caligrafía, así como algunas reiteraciones, y el cambio del estilo a medida que pasa el tiempo, y las incoherencias existentes entre las decisiones expresas y la realidad. en cualquier caso, del manuscrito se desprende una no pequeña aptitud para la reflexión y una mejor memoria de la que su autor afirma poseer.
sobrepuestos al apretado cuerpo del manuscrito, se hallaron unos cuantos papeles, carmesíes también, y uno solo bajo él, como si fuesen el prólogo y el epílogo de los que constituyen las memorias en sí; memorias que me he atrevido a dividir en cuatro partes para facilitar su lectura. hay además unos cuantos apuntes marginales, agregados evidentemente con posterioridad, que he incorporado al texto situándolos entre corchetes.
a cuantos historiadores y escritores han tratado, de cerca o de lejos, este triste y evocador asunto, comenzando por el propio boabdil “el zogoibi”, les doy fraternales gracias.
