Y no es que Robert Singh alguna vez se hubiera permitido albergar muchas esperanzas. El mensaje que David le trasmitió no bien llegó por medio de un haz coincidente infrarrojo, proveniente de la estación retransmisora lunar, era exactamente lo que había esperado:


«Las computadoras de GUARDIÁN ESPACIAL informan que Kali chocará con la Tierra dentro de doscientos cuarenta y un días, trece horas, cinco minutos, con más o menos veinte minutos de diferencia. El epicentro del impacto todavía se está calculando. Probablemente zona del Pacífico.»


Así que Kali descendería en el océano. Eso de nada serviría para reducir la magnitud de la catástrofe en todo el globo; hasta podría empeorar las cosas, cuando una ola de un kilómetro de alto barriera todo hasta las estribaciones del Himalaya.

— Confirmé recepción — dijo David—. Está entrando otro mensaje.

— Lo sé.

No pudo haber transcurrido más que un minuto, pero pareció una eternidad.

«Control GUARDIÁN ESPACIAL a Goliath. Tiene autorización para comenzar Operación ATLAS de inmediato.»

5

ATLAS

La tarea del mitológico Atlas era la de contener los cielos para que no se precipitaran sobre la Tierra. La del módulo de propulsión ATLAS que transportaba la Goliath era mucho más simple: tan sólo tenía que sujetar una parte muy pequeña del cielo.

Armado en Deimos, el satélite más lejano de Marte, ATLAS era poco más que un conjunto de motores de cohete unidos a tanques de propulsante que contenían doscientas mil toneladas de hidrógeno líquido. Si bien su impulso por fusión podía generar menos empuje que el primitivo proyectil que había llevado al espacio a Yuri Gagarin, podía funcionar en forma continua durante no sólo minutos, sino semanas. Aun así, su efecto sobre un cuerpo del tamaño de Kali sería trivial: un cambio de velocidad de unos pocos centímetros por segundo, pero eso debía de ser suficiente, si todo marchaba bien.



15 из 175