
Para ahora, el Señor X estaba tan próximo que su traje casi la tocaba, y Freyda pudo darse cuenta de que la estaba estudiando con toda atención. Parecía injusto que pudiera verla, mientras que ella no tenía la más remota idea de qué aspecto tenía él. De pronto, Freyda se dio cuenta de que sentía muchos deseos de saber…
En el refectorio del AriTec, algunas horas después, no quedó decepcionada. Bob Singh seguía dando la impresión de sentirse avergonzado por el incidente, aunque el motivo por el que lo estaba no era, del todo, aquel que podría haberse supuesto. No bien Freyda le hubo asegurado que probablemente iba a sobrevivir, Singh se desvió hacia un tema que, de modo evidente, tenía importancia más inmediata:
— Al traje todavía lo estamos sometiendo a experimentación — explicó—, y llevando a cabo pruebas con el sistema que permite la supervivencia… ¡y lo hacemos en sitios interiores, donde hay seguridad! La semana que viene, si todo marcha bien, lo someteremos a prueba en el exterior. Pero tenemos un problema con.. eh… la seguridad: no cabe la menor duda de que Clavius va a inscribir un equipo, y Tsiolkovski, en el Lado Oculto, está considerando la idea. También lo van a hacer MIT y CalTec y Gagarin, pero nadie los toma en serio; carecen de los conocimientos necesarios… y, además, ¿cómo podrían hacer un adiestramiento adecuado en la Tierra?
El interés de Freyda por los deportes era prácticamente nulo, pero estaba empezando a interesarse por el tema con rapidez… o, por lo menos, por Robert Singh.
—¿Ustedes temen que alguien les copie el diseño?
— Exactamente. Y si el traje es tan eficaz como esperamos, puede llegar a producir una revolución en la vestimenta para AEV… cuando menos, en las misiones de corta duración. Nos gustaría que el AriTec recibiera el reconocimiento. Después de más de un centenar de años, los trajes espaciales siguen siendo embarazosos e incómodos. Ya conoces el viejo chiste: «no me verán usando uno ni aunque me muera.
