
Mientras se le colocaba el equipo en el camión del AriTec, Singh se preguntaba qué competidor iba a ser el primero que necesitara que lo rescataran. La mayoría se había conocido nada más que unas horas antes y se había intercambiado los clásicos deseos mentirosos de buena suerte. Originariamente se habían inscrito once concursantes, pero cuatro habían abandonado, dejando a AriTec, Gagarin, Clavius, Tsiolkovski, Goddard, CalTec y MIT. El corredor de MIT — un concursante desconocido llamado Robert Steel— todavía no había llegado, y se lo descalificaría si no apareciera dentro de los diez minutos venideros. Esa podría ser una jugarreta deliberada, pensada para confundir a la competencia o para evitar un examen muy minucioso de su traje espacial… si bien eso ya no tendría mayor importancia en esa etapa tan avanzada de la competencia.
—¿Cómo anda tu respiración? — preguntó el entrenador de Singh, después que se hubo cerrado herméticamente el casco.
— Bastante normal.
— Bueno, por el momento no te estás esforzando. El regulador puede incrementar hasta diez veces el flujo de O², si llegaras a necesitarlo. Y ahora, vamos a meterte en la esclusa de aire y a revisar tu movilidad…
— El equipo del MIT acaba de llegar — anunció el observador de la COI a través del circuito público—. La maratón empezará dentro de quince minutos.
— Por favor, confirmen que todos sus sistemas operan bien: —susurró la voz del juez de salida en el oído de Robert Singh—. ¿Número Uno?
— Afirmativo.
—¿Número Dos?
— Si.
—¿Número Tres?
— Sin problemas.
Pero no hubo respuesta por parte del Número Cuatro, del CalTec: estaba caminando en forma muy desmañada, alejándose de la línea de partida.
«Eso deja nada más que seis de nosotros», pensó Singh, experimentando un breve destello de compasión: ¡qué mala suerte haber hecho todo el viaje desde la Tierra nada más que para sufrir una falla del equipo en el último momento! Pero la realización adecuada de pruebas habría sido imposible allá: ningún simulador habría sido lo suficientemente grande; acá sólo era necesario salir por la esclusa de aire para encontrar suficiente vacío como para satisfacer a cualquiera.
