
Desde el divorcio sólo había tenido unas cuantas citas amorosas. Y no porque no fuera atractiva. Lo era, o al menos eso le decían con frecuencia. Tenía el cabello castaño oscuro, muy lacio, y lo llevaba largo en un corte hasta los hombros. El rasgo que más a menudo alababan eran sus ojos marrón con destellos castaños que atrapaban la luz siempre que estaba al aire libre. Como corría a diario se encontraba en buena condición física y no representaba la edad que tenía. Sin embargo, últimamente al mirarse al espejo había comenzado a sentir que se le notaba la edad.
Sus amigos creían que estaba loca.
– Te ves mejor ahora que hace algunos años -insistían, y todavía algunos hombres la miraban en los pasillos del supermercado. Pero ya no tenía veintidós años, y nunca volvería a tenerlos.
Cuando por fin llegaron los papeles del divorcio, sintió como si una pequeña parte de ella hubiera muerto. Su furia inicial se convirtió en tristeza y ahora sentía algo más, una especie de aturdimiento. Aunque estaba en constante actividad parecía como si ya nunca le ocurriera nada especial. Un día se había vuelto exactamente igual al anterior y ya no distinguía entre uno y otro. Una vez, casi un año atrás, se sentó al escritorio durante quince, minutos tratando de recordar la última cosa espontánea que había hecho. No pudo pensar en nada.
Todavía extrañaba a David de vez en cuando, o mejor dicho, extrañaba lo bueno de él. En especial le hacía falta la intimidad que nacía de abrazarse y susurrarle al otro a puerta cerrada.
Aunque amaba profundamente a Kevin, no era el mismo tipo de amor que deseaba en ese momento. Lo que sentía por Kevin era un gran amor de madre, tal vez el más profundo y sagrado de todos. Todavía le gustaba entrar en su habitación mientras dormía y sentarse en la cama para contemplarlo. Siempre se veía tan en paz, tan hermoso, con la cabeza en la almohada y envuelto en las frazadas. Sin embargo, ni siquiera esos maravillosos sentimientos cambiaban el hecho de que una vez que salía de la habitación de su hijo, se iba a la sala a tomar una copa de vino teniendo a Harvey, el gato, como compañía.
