
– ¡Comisario! ¿Necesita algo?
– Querría un bote de pesto a la trapanesa.
– Espere aquí, voy por él.
Tres cuartas partes de las luces del supermercado estaban apagadas y en las cajas ya no había nadie. Un momento después el encargado regresó con el bote.
– Aquí tiene. Ya me lo pagará la próxima vez. Hoy he tenido un día fatal, me he pasado todo el tiempo contestando por teléfono a las protestas de los clientes.
– ¿Por qué?
– Porque Dindò no ha venido a trabajar y me ha resultado imposible entregar los pedidos.
Dindò era un muchacho de veinte años, larguirucho, con el cerebro de un niño de diez, que siempre andaba por ahí haciendo el reparto del supermercado para las casas de Vigàta y sus alrededores.
– Pero ¡mañana me va a oír!
3
Una vez en Marinella, coció la pasta, la escurrió, la puso en el plato y le echó encima todo el contenido del bote («para cuatro raciones», decía en la etiqueta). Luego se sentó a la mesa de la cocina y se la zampó. Encontró en el frigorífico unos salmonetes con salsa de tomate preparados por Adelina, los calentó y se deleitó con ellos. Después de comer, lavó cuidadosamente los platos para que no quedara ni rastro del pesto a la trapanesa, pues si Adelina lo descubría al día siguiente, seguramente le armaría un escándalo. Tuvo incluso la precaución de esconder el bote vacío en el fondo de la bolsa de la basura. Después se sentó delante del televisor, satisfecho, como un asesino después de hacer desaparecer las huellas del crimen. El primer reportaje del telediario de Televigàta estaba dedicado, naturalmente, al homicidio de Gerlando Piccolo. Después de mostrar una serie de imágenes del exterior de la casa, el periodista, que era cuñado de Galluzzo, dijo que había conseguido obtener un vídeo de Grazia, la valiente sobrina de la víctima, grabado por un aficionado. Añadió con orgullo que se trataba de una exclusiva, pues no se disponía de ninguna otra imagen de la chica.
