
– No son los cuadros, sino la cantidad de cristal roto. Si alguien sin darse cuenta hubiera puesto encima un pie descalzo, a tu juicio ¿se habría cortado o no?
– Por fuerza.
– Grazia me dijo que cuando subió al piso de arriba para ver qué estaba ocurriendo, no se puso los zapatos, subió descalza.
Fazio se quedó un rato pensando y después replicó:
– Puede que no signifique nada. Grazia es una campesina acostumbrada a ir descalza. Es posible que en la planta de los pies tenga un callo tan grueso que ni un cuchillo pueda cortarlo.
– Ve a llamar a Galluzzo y vuelve tú también.
Galluzzo se presentó mirando al suelo, todavía avergonzado por lo que le había dicho Montalbano.
– Tengo que hacerte una pregunta: ¿Grazia cojea, por casualidad?
Galluzzo abrió unos ojos como platos, sorprendido.
– ¿Acaso usía es mago? Lo que se dice cojear, no cojea, pero ayer después de comer se quejó de unos pinchazos en las plantas de los pies. Mi mujer le echó un vistazo. No tenía sangre, pero las plantas estaban llenas de trocitos de cristal. Mi mujer se los quitó uno a uno con unas pinzas.
– Gracias. Ya puedes retirarte.
Cuando Galluzzo se hubo retirado, el comisario y Fazio no hicieron ningún comentario.
– ¿Cuándo quiere que empecemos?
Montalbano miró el reloj.
– Yo diría que esta tarde. Ahora nos vamos a com…
La puerta, que Galluzzo había cerrado, se abrió con un ruido como de bomba y apareció Catarella.
– Pido perdón, se me ha ido la mano. Ahora mismo acabo de recibir una llamada «nónima». Han encontrado a uno muerto asesinado en el barrio de Pizzutello. Hasta me han dicho el sitio exacto.
4
Por una vez, Catarella había comprendido y transmitido fielmente las instrucciones facilitadas por el anónimo comunicante a propósito del lugar exacto donde se encontraba el muerto asesinado. El barrio de Pizzutello distaba apenas quinientos metros de la casa de Piccolo.
