
– ¿Caitlyn es tu hija?
Sam asintió, temiendo estar delatándose.
– Nosotras preferimos quedarnos aquí. Yo crecí en el campo y pensé que también ella debería hacerlo.
– ¿Y su padre qué piensa?
Un rugido, similar al del viento atravesando las montañas en medio de la tormenta, atronó su cerebro, provocándole un intenso dolor de cabeza.
– El padre de Caitlyn… -repitió-. Digamos que él… está fuera de escena -llamándose a sí misma cobarde, agarró un cepillo para cepillar a Joker.
– Debe ser muy duro.
«Si tú supieras», pensó Sam, pero se limitó a contestar:
– Nos las arreglamos perfectamente -y continuó trabajando, sintiendo cómo un sudor frío empapaba su espalda.
Tenía que decírselo. Tenía que decírselo cuanto antes. No volvería a tener nunca una oportunidad como aquella. Por al amor de Dios, Kyle tenía a derecho a saber que tenía una hija, a saber que era el padre de Caitlyn.
– No pretendía insinuar…
– No te preocupes por eso -lo interrumpió y se colocó al otro lado de Joker, levantando una nube de polvo de los cuartos traseros del animal.
Trabajaba con fervor, con la mente corriéndole a toda velocidad y la boca tan seca como el mismísimo desierto.
– Si no tienes cuidado, vas a quitarle las manchas blancas.
Sam fue entonces consciente de la fuerza con la que lo estaba cepillando. Incluso Joker, que jamás se distraía cuando estaba comiendo, había vuelto el cuello para mirarla.
– Lo siento -musitó Sam, y se guardó el cepillo en el bolsillo.
Kyle la estaba poniendo nerviosa y el tema de la falta de padre de Caitlyn siempre era delicado. Aquel día, en medio de la oscuridad y el calor del establo, al lado del hombre que la había dejado embarazada y después la había abandonado, Sam se sentía atrapada. Se volvió hacia la puerta del pesebre e intentó ignorar la forma en la que Kyle estaba sentado; como si tuviera diez años menos, se había colocado sobre el último tablón de la puerta, clavando sobre Sam una mirada penetrante y llena de oscuras promesas. Pero aquello era una locura, se dijo Sam. Aquellos sentimientos habían desaparecido, se habían secado como lo habría hecho el arroyo Stiller si hubiera padecido una sequía de diez años.
